Rabietas después del cole

Lo que no te esperas

Leemos y nos cuentan mucho sobre las rabietas de los peques cuando tienen entre 2 y 4 años pero resulta que de pronto, llevas a tu peque a la escuela con 5 o 6 años y cada vez que le recoges ¡BOOOM! Explota con gritos, llantos, enfados, malas formas, desafíos… y aparecen las rabietas después del cole.

En casa lo vivimos en primera persona. La mayor empezó en un colegio convencional con 4 años y cada vez que salía era una rabieta tremenda. Nuestra primera preocupación fue que algo estaba pasando en el colegio que la estaba haciendo daño. Cuando hablamos con la profesora, nos dijo que estaba bien adaptada y se divertía con sus compis y de hecho, en nuestras conversaciones con ella podíamos apreciar que no tenía problemas con la profesora ni con el resto de los alumnos y alumnas  (aunque también es cierto que no le gustaba la rigidez del método que empleaban). Saber que en ese sentido estaba bien era un alivio, pero por otro lado nos desconcertaba aún más.

Encontrar las razones

Poco a poco, a base de investigar, preguntar y observar, fuimos entendiendo lo que realmente pasaba y nada tenía que ver con que le gustase el colegio o no. Una vez que comprendimos de dónde salía el problema, fue más fácil acompañarlo. No creo que haya recetas mágicas para nada porque como todo en la infancia requiere un proceso de adaptación. Cada peque lo lleva de una manera influido con multitud de factores (cómo están en casa, si tienen más hermanos o hermanas, si pasan mucho o poco tiempo con papá y mamá, si se sienten seguros, si se relacionan bien, si sienten más o menos timidez etc) y es por eso que tenemos que encontrar la forma que funciona en nuestra familia.

Posibles causas de las rabietas después del cole

Contención emocional.

Hay veces que los peques se esfuerzan tanto por controlar sus emociones y comportamientos  en clase, que cuando salen ya han agotado su capacidad de contenerse y explotan en lugar seguro. Saben que nosotros estaremos a su lado a pesar de que todas sus emociones se desborden, a pesar de sus enfados o sus gritos. Saben que pueden contar con papá y mamá para sostenerles.

Hambre

También es posible que cuando salgan del cole tengan hambre. Quizás almorzaron temprano o poca cantidad (mi hija tiene tantas ganas de aprovechar el recreo para jugar, que prefiere prescindir del almuerzo y toma poca cantidad). Saciar esa hambre es una necesidad básica de todo ser humano y puede llevarla a perder un poco el control.

Contención física

En la mayoría de los colegios convencionales no se da prioridad al movimiento a ningún nivel. Permanecen sentados en clase y disfrutan de recreos breves, pero los peques no están hechos para estar quietos, sencillamente no va en su naturaleza. Mi hija disfruta bailando, saltando, corriendo y por esta razón cuando terminaba el cole tenía tanta energía acumulada, que tenía que soltarla de alguna forma, y lo hacía a través de las rabietas.

Cansancio

Otra razón bastante habitual es el cansancio general. Para algunas familias se juntan los madrugones, la jornada escolar y las extraescolares. Un ritmo tan alto que cuando que les deja agotados y provoca rabietas cuando no saben gestionarlo de otra forma. Nuestra hija no tenía extraescolares ni madrugaba demasiado pero a pesar de acostarse pronto, las mañanas eran difíciles y más aun a medida que avanzaba la semana.

Nuestras soluciones

  • Jugar en el parque antes de volver a casa. Los días que hacíamos esto la situación era completamente diferente.
  • No forzar conversaciones. Creo que nos pasa a muchas familias que tenemos tantas ganas de saber qué han hecho, si se lo han pasado bien, si algo no les ha gustado, que les bombardeamos a preguntas nada mas salir. El problema es que cuando estamos viviendo estas «rabietas», preguntarles no es lo que más ayuda, al menos en nuestro caso. Funcionaba mucho mejor recibirla con un beso y abrazo si lo quería y dejar que fuera ella quién dirigiese la conversación. En otro momento del día podíamos hablar de lo que había hecho en el cole.
  • Llevar algo para comer de camino a casa. Dependiendo de la hora de salida será algo ligero, para no interferir con la comida, o la merienda.
  • Adelantar las rutinas. Comenzamos con la cena y el baño antes. De esta manera podíamos hacer las cosas con calma y aun así se acostaba pronto.
  • Paciencia, paciencia y más paciencia para acompañar.

Estas situaciones requieren de mucha paciencia por parte de los adultos y es importante que nos demos cuenta de que no es algo personal contra nosotros sino todo lo contrario. Como muchas otras reacciones de los peques, pasarán con el tiempo, son parte de su desarrollo y poco a poco adquirirán las herramientas adecuadas para gestionar la transición del cole a casa de una forma más tranquila.

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