Permítete la imperfección

Parece que cuando una se embarca en el camino de la crianza y quiere hacer las cosas bien, empieza a aparecer el diablillo de “la culpa” por todas partes. Están las dudas de ¿lo estaré haciendo bien? o los pensamientos de soy la peor mamá o el peor papá del mundo. Tenemos tantas ganas de criar peques felices en un hogar idílico que se nos olvida que son seres autónomos con sus días buenos y malos, con su carácter, con sus gustos y con un millón de cosas más que se escapan de nuestro control.

La crianza perfecta existe

Hace tiempo que me di cuenta que la crianza puede ser perfecta según tu propio concepto de perfección (esto no quita que en momentos sea agotadora). Mi crianza es perfecta porque sale desde el corazón. Sale desde el amor incondicional y el respeto por mi hija y por mí misma. Es perfecta porque a pesar de los días difíciles tengo claro que soy una buena mamá. Es perfecta porque tengo la oportunidad aprender cada día y enmendar los errores del día anterior. Es perfecta porque me esfuerzo cada mañana. Porque no me rindo. Porque estoy dispuesta a reconocer que me he equivocado ante mi hija y ante mi misma. Porque mi orgullo jamás se pone por encima del respeto. Porque sus necesidades son importantes para mí y las mías, también. ¿No te parece perfecto?

Los días difíciles de la crianza

Hay días o etapas en que los peques están más irritables, menos receptivos, parece que todo es un NO y nada fluye como nos gustaría para estar en calma. A veces no se quieren levantar para ir al cole, no quieren recoger sus juguetes. A veces se niegan a salir para ir a comprar o se les antoja ir hacia el lado contrario del supermercado. Sí, estas cosas pasan. ¿Cuántas veces habéis visto un niño o una niña en el suelo del super a voz en grito y su madre al lado con esa cara de “tierra trágame”? Y resulta que si ese día se junta con que te duele la cabeza o no has dormido bien ¿Cuesta acordarte de todo lo que has leído sobre mantener la calma y tratar a los niños con paciencia y cariño? Cuando tú en una locura transitoria intentas razonar con una criatura que está totalmente en estallido emocional y notas como tu paciencia se va agotando y aumenta la crispación, no es fácil, al menos para mí. Ojalá este tipo de cosas se pudieran suavizar pero son parte del día a día y nos ofrecen la oportunidad de aprender. Aunque en ese momento solo te falte tirarte de los pelos.

¿Qué aprender de los días menos fáciles?

 Yo personalmente estoy aprendiendo dónde están mis límites y me estoy dando cuenta de qué comportamientos son los que realmente detonan algo dentro de mí y los que no. Esto a su vez me ayuda a crecer y sanar cosas que llevo dentro. Seguramente si algo me molesta mucho es porque mi niña interior tiene alguna cuenta sin saldar con ello. Si no fuera así a todos nos alterarían las mismas cosas, y no ocurre de esta forma. Dependiendo de cada persona, se tolerarán mejor los gritos o las palabras feas, que tiren objetos, que lloren o que digan no a todo….Los peques hacen todas esas cosas alguna vez y no a todos los cuidadores nos afectan de la misma manera ¿Qué me dice esto de mí misma? ¿Cómo puedo superarlo? Mirar hacia dentro es un ejercicio muy saludable aunque a veces cuesta. A veces hay que pedir ayuda porque la maternidad puede despertar viejas heridas. Creo que contar con un psicólogo o terapeuta para limpiar eso que tenemos ahí dando guerra, si hace falta, es muy sano y enriquecedor.

Algo que también aprendo de los días difíciles es cómo no hacer las cosas. Si veo que mi hija está gritando muy enfadada, sé que de nada me sirve intentar razonar con ella (aunque a veces se me escapa y lo sigo intentando…). Ya sé que tengo que dejar un tiempo para que se calme un poco, de hecho ella se encarga de decirte que no quiere hablar y necesita calmarse. Maravilloso desde mi punto de vista. Sé que por las mañanas necesita su tiempo, que eso de despejarse, vestirse y desayunar en 20 minutos, no funciona. La solución, levantarse un poco antes y armarse de paciencia.

Puedes equivocarte

A estas alturas ya habrás entendido que mi mensaje es claro. No pasa nada por equivocarse. No hace falta culpabilizarse si tienes un día malo y has dicho algo cómo no debías o has alzado la voz o has dado mil ordenes de carretilla. No pasa nada. Te has equivocado. Úsalo. Aprende de ello. Pide disculpas a tu peque y explícale que no te has comportado bien y que lo sientes, tenga la edad que tenga. Si ya tiene una edad en la que te puedas sentar a razonar, hazlo cuando las cosas estén más tranquilas. Sentaos y hablad de lo ocurrido y cómo evitar que vuelva a suceder.

De esta forma, mostramos a nuestros hijos e hijas que equivocarse es admisible y que los errores se pueden enmendar y aprender de ellos.

La crianza es un proceso. A veces es mucho lo que tenemos que desaprender y cuesta, pero hay que valorar los esfuerzos que hacemos cada día en lugar de culpabilizarnos por las veces que erramos. Somos humanos y somos imperfectamente perfectos.

Y lo mejor de todo es que los peques tienen una capacidad de perdón inmensa y es algo precioso de aprender y aplicar a nuestro día a día.

0 comments
7 likes
Prev post: Opciones limitadasNext post: Me cuido para cuidarte mejor

Related posts

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.