Mi hija ha elegido ser princesa

Este es el sueño de muchas mamás y papás y la pesadilla de otros tantos. Cualquiera que me conozca sabe que nunca he inculcado a mi hija el «mundo rosa o de princesas» pero es el que ella ha elegido. Ya en la escuela libre con 3 años decidió que no quería pantalones, solo faldas y vestidos con mucho vuelo, y a poder ser rosas…

Cuando llegó al cole convencional la cosa empeoró. Por una parte favorecido por el entorno y por otro, por el montón de películas Disney que vieron durante su último trimestre antes de las vacaciones, no enteras pero lo suficiente. Siempre he mantenido a mi hija alejada de las pantallas por muchos motivos pero uno de ellos era evitar el bombardeo consumista y estereotipado de Disney.

De bruces con la realidad

El tema es que de pronto me encontré con que ella quería todo rosa, todo de princesas, cuentos, dibujos… ¿Y ahora qué? El primer choque con la realidad, mi hija, muy a mi pesar, elegía aquello de lo que yo huía y no me quedó otra que aceptarlo.

Desde ese momento me volví una experta modificando el texto de los cuentos clásicos y explicándole por qué no me gustan las princesas que aparecen en ellos.

No sé hasta que punto puede entender lo que le explico pero espero que el mensaje vaya calando. Deseo que vista de rosa todo lo que quiera, pero también que se de cuenta de que las mujeres no tenemos que ser como nos dibujan en esas historias y nuestras vidas tampoco.

No tenemos que ser muñequitas perfectamente maquilladas, peinadas y vestidas. No necesitamos príncipes azules que nos rescaten, ni que nos casen ni nada parecido. Que las relaciones verdaderas tienen otras bases y que ella, podrá elegir con quién desea compartir su vida. Si es que quiere hacerlo con alguien. Espero que se de cuenta de que las personas del mundo real pueden ser más guapas o más feas a ojos de quien las mire y no importa. Al final, la belleza es subjetiva y no son los guapos buenos y los feos malos (Es curioso que en los cuentos clásicos y muchas películas infantiles, los malos tienen un aspecto horrible mientras que príncipes y princesas van cuidados al milímetro. Sin una arruga, perfectamente estilizados…)

Prohibir no es la solución

No creo que prohibir esto sea lo correcto porque sería imponerla algo que no desea y seguramente generaría en ella más ganas d tenerlo. La infancia debe ser experimentación y si ahora le toca descubrir el mundo de las princesas, que lo haga, pero con el acompañamiento necesario para entender que lo que ve no es la realidad. Llegados a este punto, si ha visto alguna película en casa de abuelos o amigas, me ha tocado verla después para aclarar lo que sea necesario. No sé si es la mejor manera de gestionarlo pero por el momento me parece la más sensata.

He evitado comprar disfraces o muñecos de los dibujos (aunque puede apuntarlo en una lista de deseos de cumpleaños o comprarlo con sus ahorros). Pero el destino es gracioso y hemos heredado casi la colección completa de disfraces de princesas. Los que le faltan ella misma los confecciona mezclando los que tiene con telas, haciéndose capas o velos … Hace meses tuvimos el boom de Frozen, ella misma se pagó el vestido e hicimos su marioneta y varias trenzas con lanas. Por suerte aquello pasó y supongo que el resto será similar así que no desespero.

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