Me doy permiso para sentir

Una de las contradicciones en la crianza es querer que nuestros peques expresen sus emociones y ocultar las nuestras. A veces nos justificamos pensando que no queremos que se preocupen o se pongan tristes, pero en realidad les estamos negando un ejemplo muy valioso. Que vean que papá y mamá sienten y son vulnerables, es positivo. Acercar las emociones a nuestros peques no hará que nos vean pequeñitos porque para ellos siempre seremos grandes. Hará que nos vean humanos y sobretodo, sabrán que está bien sentir y mostrarlo, porque todas las emociones nos aportan algo.

Imposible aislarlos de nuestras emociones

Pienso que nadie quiere causar preocupación o sufrimiento a sus hijos pero es imposible aislarles de lo que sentimos. Si estás pasando un mal momento porque tienes problemas en el trabajo, has perdido a alguien querido o cualquier otro bache, se les puede explicar. Lógicamente, según la edad adaptaremos el discurso de forma que lo puedan comprender.

Nuestros hijos tienen un radar que les indica cuando papá y mamá están tristes, preocupados, enfadados, nerviosos… Es posible que en esos momentos se apeguen más a ti, cojan un resfriado, estén más irritables o incluso pasen por retrocesos de algún tipo. Por mi propia experiencia creo que podemos facilitar su proceso poniendo palabras a lo que están percibiendo, que sepan que eso que mamá trasmite es pena, frustración, enfado, miedo… y que no se debe a ellos sino a algo que nos ha sucedido.

Compartir la emoción y nuestra forma de superarla

Quizás es tan importante explicarles lo que nos pasa, como la forma de afrontarlo. Cuando veo que a mamá le dan miedo los perros pero no evita que yo me acerque a ellos y me explica lo que le ocurre, es más posible que yo no desarrolle el mismo miedo a los canes. En cambio, si mamá entra en pánico cada que vez que ve un perro y no me deja tocarlos ni acercarme, tengo muchas más probabilidades de ser un niño o un adulto con fobia a estos animales. Quizás el ejemplo es duro porque miedos de este tipo son complicados de manejar sin ayuda pero, precisamente es ahí donde radica también nuestro aprendizaje como adultos. Superarnos para ayudar a nuestros peques.

Hay muchas  formas de compartir lo que nos ocurre con nuestros hijos e hijas, simplemente tenemos que buscar la forma de hacérselo llegar, no hay frases standard porque cada peque es diferente así que en base a su forma de ser y aprender, encontraremos la opción que mejor se adapte.

 “Cariño, me han dado una noticia X que me ha puesto un poco triste y necesito llorar unos minutos para encontrarme mejor”

“Perdóname si me notas un poco enfadada, hoy me han hablado mal en el trabajo y estoy intentando calmarme porque no me ha gustado. Me gustaría encontrar una forma para que no vuelva a pasar pero no estoy enfadada contigo. Solo necesito un momento para buscar la solución y enseguida estoy contigo”

“Hijo, no me encuentro bien. Me siento un poco enferma y necesito descansar. Quizás en unos días me encuentre mejor y podamos saltar juntos. Hoy prefiero que leamos unos cuentos”

Elijo el cuándo y el cómo

En los últimos años yo misma he pasado por situaciones emocionales complicadas de las que mi hija se ha dado perfecta cuenta. Algunas he podido hablarlas con ella en el momento y otras, he necesitado un tiempo para asimilarlas y encontrar la mejor forma de transmitírselas. Por ejemplo, cuando sufrí el aborto, necesité un tiempo prudencial para comenzar mi proceso de duelo y no quería que ella llegase contándolo al colegio al día siguiente y todo el mundo viniese a preguntar. Sencillamente, en ese momento no estaba preparada para dar una explicación más a allá de que estaba un poco triste por una mala noticia y que por supuesto, no era nada por ella. Me centré en cuidarme yo y mis emociones y en cuanto pude, le expliqué lo que había ocurrido.

Es muy importante ser honestos con ellos sin olvidarnos de nosotros. Y una gran ventaja de compartir nuestras emociones con los peques es la ayuda que nos pueden prestar. Mi hija es tremendamente empática en estas situaciones y enseguida te da consuelo, un abrazo, un beso y te ayuda a buscar una solución para sentirte mejor ¿Qué más se puede pedir?

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