Crianza respetuosa, natural, con apego…

Cuando empecé a informarme sobre temas de crianza encontré diferentes términos con bases muy similares. Al final decidí optar por tomar lo que más me gustaba de cada modelo, siempre que partieran desde el trato respetuoso. No sólo por los niños, sino porque es la forma en la que entiendo que debemos tratar a todo el mundo. Sin humillar, sin culpabilizar, sin insultar, sin golpear.

¿Acaso importa qué nombre le pongas a tu forma de criar? Cuando ponemos etiquetas nos limitamos y creo que hay muchas formas buenas de hacer las cosas y muchas malas también. A cada familia le corresponde elegir cuál es la mejor para ellos por cultura, creencias, logística etc.

No hay normas estrictas para criar

Considero que la flexibilidad es una cualidad maravillosa que nos hace la vida más fácil a todos y que hay que valorarla sin miedo. Ha llegado un punto en que parece que si no colechas, no das teta y llevas a tu hijo a la guardería no puedes ser una madre/padre amorosa. Y al final tenemos un montón de familias, sobretodo mamás, sintiéndose culpables por criar a sus hijos de la mejor forma que pueden en sus circunstancias.

Por otro lado para colechar, llevar una lactancia prolongada y tratar con respeto a tu peque tienes que ser “hippie” o llevar una estilo de vida «alternativo» (Más etiquetas). ¿Entonces? ¿Qué ocurre si no encajas en ninguna de esas etiquetas y quieres hacer las cosas de otra forma? Pues no ocurre nada. Puedes hacer lo que quieras y criar como quieras porque es algo que solo incumbe a tu núcleo familiar. Algo que parece muy obvio y se nos olvida con demasiada frecuencia. El resto del mundo puede tener sus opiniones, pero las decisiones únicamente te corresponden a ti.

Es cierto que cuando estás en este punto intermedio llegas a tener esa sensación de no encajar en ningún sitio. Incluso puede costar un poco más encontrar los círculos de apoyo idóneos. Parece que te miran raro por un lado y por otro (hasta se puede percibir cierto rechazo, incluso por parte de algunos que reclaman respeto, curioso). Pero al final no deja de a ser una de tus realidades y la puedes cambiar. Hay gente y lugares afines, siempre y cuando se esté dispuesto a aceptar tanto las diferencias propias como las ajenas. Siempre habrá puntos de encuentro y discrepancia con todo el mundo, y eso es lo maravilloso. Que todos somos diferentes y podemos nutrirnos de esas diferencias.

Igual de bueno o de malo

Una de las armas arrojadizas en estos temas es la lactancia. Yo soy una gran defensora de la lactancia materna y he continuado con ella porque tanto mi hija como yo lo hemos decidido. Y porque mi cuerpo y mi ritmo de vida lo ha permitido. Pero veo a muchas mamás que no han podido o querido dar el pecho, o lo tuvieron que dejar pronto por la razón que fuera y se han llegado a sentir tremendamente culpables porque parecía que imponían a sus hijos una condena eterna. Personalmente, no me parece justo. Sin negar los múltiples beneficios de la leche materna, se puede criar de forma igualmente amorosa o desapegada dando el pecho o dando un biberón.

Hace falta estar presente

Una cosa para mi está clara. Para crear un vínculo con tu peque tienes que estar, y a lo mejor estar más presente implica renunciar a ciertas cosas los primeros años de vida. Cada familia establecerá sus prioridades. Cuando tuve a mi peque empecé a trabajar en jornada reducida para pasar las tardes con ella y a pesar de ello, noté una gran diferencia en las épocas que estaba en casa más tiempo por vacaciones y en las que no.

Los peques y sobre todo los bebés, necesitan figuras de apego seguro que los cuiden, y esto es una realidad. Si un bebé está con su mamá o papá que le coge en brazos cada vez que llora, lo alimenta y lo calma, se criará de forma distinta a otro que tiene diferentes cuidadores en un centro y que a veces no están disponibles para tomarlos en brazos y darles el calor y el consuelo que necesitan. La realidad diaria de muchas familias es que, a pesar de desearlo, no pueden dar la atención constante que un bebé necesita porque sus necesidades económicas han de ser cubiertas con largas jornadas de trabajo. A pesar de lo que nos quieran contar, la conciliación todavía es una asignatura pendiente en este país. Esto hace que muchos peques pasen cada vez más temprano al cuidado de guarderías, colegios o abuelos en lugar de quedarse con mamás o papás. Cada familia hace lo mejor que puede, quiere o sabe en cada momento.

Delegando la crianza

Desde mi forma de pensar, veo muy difícil educar de una determinada manera cuando el peso del acompañamiento recae sobre otras personas o instituciones pero aun así, si buscamos una crianza basada en el respeto (el apego es otro cantar) y por las circunstancias que sean no podemos estar presentes, hay alternativas. Siempre puedes educar a sus cuidadores en esta forma de entender la crianza, o buscar centros que se adapten a tu visión, no en todas las zonas hay uno y raramente son públicos pero van apareciendo.

Los abuelos, sobre quienes recae muchas veces el cuidado de los nietos, pueden ser “huesos duros de roer” aunque hablando y razonando son capaces de aprender mucho y darse cuenta de que realmente es lo mejor para los peques. Esto no significa que ellos lo hicieran mal. Lo hicieron lo mejor que pudieron en su momento y no me cansaré de repetirlo.  Pero la vida ha cambiado y hoy en día debemos criar enfocados en una realidad mucho más cambiante. Las competencias que necesitarán nuestros pequeños en el futuro no tienen nada que ver con las que necesitaron nuestros padres y madres. Ahora es más importante que sepan enfrentarse a cualquier tipo de situaciones, que no tengan miedo a sentir o que sean capaces de empatizar con el otro, que el hecho de tener muchos conocimientos grabados en la mente (Internet nos aporta muchos datos pero no nos da capacidad de trabajar en equipo, relacionarnos, negociar etc.)

Asistir a talleres o grupos de crianza en compañía de aquellas personas que se ocupan de tus peques, no es una mala opción.

Querer es poder

Y por supuesto, el tiempo que realmente podamos estar, dejemos el teléfono, la televisión, las tareas, las distracciones y leamos cuentos, juguemos con ellos y disfrutemos cada etapa.

Independientemente de las circunstancias de cada uno, dicen que querer es poder. Aquellas familias que realmente lo desean buscan las formas de estar con sus peques el mayor tiempo posible, de darles presencia real y crear vínculo a través del trato amoroso y consciente. Muy a pesar de las circunstancias adversas. Por esta razón opino que es mejor no dejarse encasillar en un “modelo” y tomar aquello que mejor se adapte a tu casa, a ti, a tu vida.

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